domingo, 12 de octubre de 2014

Una copa de rock n' roll. - Capítulo 2 - ''Something I Need''.


                                       Capítulo 2.

                                  ''Something I Need''


Abro los ojos. Siento cómo llaman a la puerta. Miro al despertador y veo que son las 7:00 a.m. Despego la cabeza de la mesa y por un momento me siento confundida. Debí de haberme quedado dormida haciendo el trabajo de Historia. Qué mierda. Me llevo la mano al cuello, un dolor punzante lo atraviesa. Mala postura, mala suerte. Me pongo de pie como puedo, con los párpados apenas separados y abro la puerta. Es mi hermana. Carol.

— ¿Qué haces que aún no estás preparada? No me jodas, Lucía.
— Me he quedado dormida haciendo un trabajo para hoy, ¿vale?  — siento su fulminante mirada en mi espalda.
— Sí, seguro. No será otra cosa, ¿no?
— No, Carol, no. Lárgate, voy a vestirme. En diez minutos estoy abajo.

El golpetazo de la puerta hace que de un respingo. Sé a qué se refiere. No tomo drogas desde hace meses. Abro el armario y cojo el uniforme del instituto; unos calcetines largos blancos, una falda negra de cuadros y un polo blanco con el sello del instituto en la parte izquierda del pecho. ¿Por qué empieza a preocuparse? Yo puedo cuidarme solita. Salgo al pasillo dando saltitos mientras me pongo los zapatos negros.
Llego al baño y me lavo la cara. Eso me despeja. Hago el intento de hacerme una coleta en condiciones pero el intento es nulo. Lo dejo así. Meto todo lo necesario en la bandolera y entro a la cocina para beber algo de zumo.
Dos minutos más tarde estoy en el coche, pellizcando mis mejillas para darles algo de color. Carol conduce pero no deja de mirar para atrás. La ignoro y conecto los auriculares al móvil, poniendo Something I Need de OneRepublic. Cierro los ojos por un momento, por cansancio, o por necesidad de hacerlo cuando escucho la letra de esa canción.

                              You'ven got something i need.
                              In this world full of people,
                              there's one killing me..

                             And if we only die once, i
                             wanna die with you...


Un sábado por la noche, en uno de los bancos de Plaza de Armas. Javi y yo, tumbados uno encima del otro, mirando como tantas noches el cielo.

— Acabo de ver una estrella fugaz.  — río como una niña pequeña.
— ¿A qué esperas para pedir un deseo? — agarra mis manos para calentarlas.
— Es demasiado tarde, ya se ha ido. — dejo de sonreír.
— No, no lo es. Tú pide el deseo, verás que aún no es tarde. — besa mi frente con un beso rápido pero tierno.

Giro la cabeza y le miro. Está sonriente, está feliz.

— ¿Cómo sabes que aún no es tarde? Listillo. — coloco las manos en las caderas, esperando su respuesta con sorna.
— No repliques y pide el deseo, tonta.

Y ahí está el cielo, que por un momento parece más azul que nunca, con sus estrellas y su Luna iluminando los rincones más sombríos de la Tierra. A la lejanía vislumbro un avión y me imagino montada en él. Todo se amplifica un poco más. Estoy apunto de tocar las estrellas. Todo se vuelve mágico por un segundo.

Abro los ojos de golpe y delante mía está la fachada del instituto IES Macarena. El sonido del motor desaparece y Carol se vuelve hacia mí.
Llevo la mirada al reloj y justo en este momento marcan las 7:45 a.m.
Aún falta 30 minutos para que toque el timbre así que me relajo. Pero Carol sigue observándome detenidamente.

— ¿Qué miras? ¿tengo monos en la cara o qué coño pasa?
— Dime, ¿por qué estás llorando?

Me llevo una mano rápidamente a la mejilla derecha y la noto resbaladiza. Rápidamente me limpio los ojos con las manos y la vuelvo a mirar, encogiendo los hombros.

— No sé, me habrá entrado algo, digo yo. — sonrisa fingida.

El silencio es casi palpante en el coche, así que decido abrir la ventanilla para que el aire me despeje y seque del todo mi cara. Miro el reproductor de música del móvil y en ese momento suena Secrets de OneRepublic, pero no la escucho ya que los auriculares yace caídos en mis piernas. Me los pongo de nuevo en el momento justo en el que Carol se da la vuelta y coloca las manos en el volante, con un tick nervioso en el dedo índice de una mano, dando golpecitos al volante una y otra vez.

Diez minutos. Decido bajar del coche para tomar mejor el aire.

— Iré a comprar algo para entre clases, puedes irte ¿vale? — me coloco bien la bandolera —, en serio, no voy a escubullirme.
— ¿Seguro? Sabes que no podemos llegar a estos límites, Lucía, no quiero problemas con el instituto.
— Te he dicho que voy a comprar algo, apenas he desayunado, joder. Podrías empezar a confiar un poco en mí, ¿no?

Me mira de soslayo y sacude la cabeza en modo afirmativo. Pone el motor en marcha y el vehículo azulado se va alejando. Doy la vuelta y decido ir al quiosco más cercano que encuentro. Cruzo la carretera mirando a ambos lados de ella y llego al puestecito.

— Hola, dime.
— ¿Me puede dar una caña de crema, por favor? — saco la cartera del bolsillo pequeño de la bandolera y saco una moneda de dos euros. Le entrego el dinero y cojo la caña que seguidamente la guardo. Cojo el cambio y me dirijo hacia el cruce, que en este momento está en rojo. Suena 'Centuries' de Fall Out Boy. El semáforo cambia a verde y empiezo a caminar, cuando oigo una voz que cala mi piel de un instante. Sin darme cuenta, me quedo parada en mitad de la carretera, miro a los lados pero no hay ningún coche, así que respiro aliviada. Llego a la acera, y afino el oído. No puede ser. Cerca está él. Mierda. Sin poder evitarlo me pongo rígida y no consigo sacar el aire de mis pulmones. Camino de forma rápida y torpe hasta doblar la esquina del instituto.

— ¡Lú!

Giro bruscamente. Y veo a Lola detrás de mí. Y en este momento me odio. Por pensar que era él quien decía mi nombre. Por tener esperanzas en que habría otra oportunidad, o que, la primera ni si quiera habría terminado, que solo había sido un parón, como en los partidos de fútbol. Le saludo con un abrazo y entramos.

                                                 ***

— ¿Alguien tiene la 13? — la profesora de Matemáticas mira a todos con mala cara, y niega con la cabeza. —, ¿cómo es posible que no entendáis este ejercicio con lo fácil que es? ¿Sois conscientes de que el martes es el examen?

Silencio. Y continúa.

— Pues muy bien, allá vosotros. Total, la que se va a reír voy a ser yo a final de curso. A ver quién pasa a segundo de Bachillerato con este comportamiento.

Estoy sentada en penúltima fila, detrás de Lola. Ella, atiende a todo detalle que pase en la asignatura. Lo último que quiere es suspender, pero desgraciadamente el ejercicio no lo tiene. Está frustada y sonrío. Arranco un papelito de la última hoja del cuaderno y escribo:

                                    ''eh, boba, no te preocupes,
                                   como la vieja esta te suspenda,
                                   le destrozamos el coche a huevazos.''

 Le toco el hombro ligeramente esperando a que se de la vuelta. De repente siento la presencia de la profesa detrás mía y escondo rápidamente el papelito. La miro con temor a que me pida el papel. Y lo hace.

— Son los resultados del anterior ejercicio, profesora. — digo esperanzada de que se lo llege a creer.
—He dicho que me lo entregue, señorita Pozo.

Miro el papel por última vez y decido entregarselo. Agacho la cabeza, esperando la regañina de turno. No es precisamente lo que necesito en este momento. Noto cómo abre la carta arrugada. Cierro los ojos. No puedo permitirme estar otra vez en Jefatura. Pero inesperadamente, la profesora vuelve a su sitio. Suspiro aliviada.

                                             ***

Suena el timbre de última hora. Me toca cerrar el laboratorio, así que salgo la última. El último en salir es el profesor que se despide de mí con un toque en el hombro. Cierro y me dirijo a Consejerería. Al llegar, veo que Pepa, la conserje está ocupada así que espero a que termine. Está hablando con un chico de pelo oscuro y voz grave. Debe de cursar el último año de bachillerato, si es que no ha repetido.

— Le estoy diciendo que no tengo ni idea de cómo ha desaparecido. — dice el chico un poco malhumorado.
— No subas la voz, hazme el favor. Y sabes que eres el responsable de la llave. Parece mentira que no sepas las normas del Delegado de la clase. Pues ya sabes, a la próxima vez, te tendrás que atener con las consecuencias, ¿te queda claro?
— Sí, vale. — se da la vuelta y choca conmigo sin querer. Oigo un perdón a lo bajini y se marcha sin si quiera haberse parado a mirar a quién ha empujado.

Sacudo la cabeza y miro a Pepa. Le saludo y le estrego la llave del laboratorio.