domingo, 7 de septiembre de 2014

Una copa de rock n' roll. - Capítulo 1 - ''Just tonight''.

                                                           Capítulo 1

                                                       '' Just tonight ''


    Desabrocho el botón de los pantalones y bajo lentamente la cremallera. Estos se deslizan por mis piernas hasta llegar al suelo. Levanto el pie izquierdo, y luego el derecho. Fuera. Agarro el borde de la camiseta de tirantes color salmón y levanto los brazos, deshaciéndome del trapo y dejando ver mi pálido cuerpo. Mi reflejo se ve en el espejo, y una sonrisita se asoma por mis labios. Hace dos meses que me hice el tatuaje que tengo en la parte derecha de la clavícula. Teclados de un pequeño piano. Echo de menos esa melodía que producía mis dedos al pulsar esas teclas blancas y negras de ese maravilloso instrumento. Rozo mis dedos por el pequeño tatuaje, produciéndome ligeras cosquillas. Termino de quitarme la ropa interior y me meto en la ducha. El agua cae, mojando primero mi cabello morado y luego empapando cada rincón de mi cuerpo. Por un momento, sólo por un momento, olvido que en el fondo está sonando Just tonight de The Pretty Reckless. Cierro los ojos y escucho la letra.

                        ''Here we are and I can think from all the pills, hey,
                         Start the car and take me home.
                         Here we are and you're too drunk to hear a word I say,
                         Start the car and take me home.''

   Javi. Me acuerdo de aquellas noches. Nuestras noches. Eran especiales. Paseábamos por las calles del centro de Sevilla, visitando todos los bares posibles. Comíamos y nos largábamos sin pagar. Estaba mal, pero la adrenalina que sentía en el momento de la huida era y es insuperable. Y a las tantas de la madrugada llegábamos de vuelta al parquecito donde siempre nos tumbábamos y mirábamos las estrellas. Era cursi. Muy cursi. Pero a mí me gustaba y eso era lo que me importaba. Sentir a la persona que más te importa a tu lado y saber que nunca se marchará, eso, eso es genial. Pero tonta de mí. Lo bueno siempre acaba por irse, en busca de inocentes malparados que buscan la felicidad. Pero lo que no saben es que la felicidad sólo dura segundos. Porque lo bueno pasa rápido y se queda con nosotros poco tiempo.



                     ''Just tonight I will stay and we'll throw it all away.
                      When the light hits your eyes.
                      It's telling me I'm right and if I, I am through.
                      And it's all because of you, just tonight.''

  Y esa noche. Qué noche. Habíamos pasado largos minutos mirando hacia arriba. Hacia las estrellas. El silencio era silencio puro. Se oía los motores de los coches a lo lejos.  Nada nos detenía a seguir observando las estrellas. Salvo nuestras respiraciones. Miré sus ojos oscuros, con un haz de luz que los hacía más especiales y bonitos. Estaba enamorada. Estaba hasta las trancas y nada podía decir lo contrario. Me pegué más a él en busca de calor. Esa noche de otoño era fría. Sus brazos me rodeaban y me sentía segura de todo peligro. Respiraba en su cuello. Su perfume. Nunca olvidaré ese olor. Empezó a besar mi cuello, poco a poco, hasta que llegó a mis labios azulados por el frío. Nuestros labios se tocaron y no paraban. No queríamos parar de besarnos. Ya no sentía tanto frío. Ya no temblaba tanto como hacia unos instantes. La temperatura iba subiendo y algo, las ganas de hacerme suya o la necesidad de querer más calor, no sé, hizo que me subiera encima suya. Mi pelo morado cayó a un lado de mi cara. Él me agarró por la cintura, diciéndome sin habla alguna que él quería hacerlo también. Sonreí y me acerqué a él de nuevo, haciendo que nuestros labios chocasen otra vez. Necesitaba de esos labios. Pasaban los segundos, los minutos.. Me levanté, sacudiendo los pantalones y le ofrecí una mano para que se levantara. La agarró y se puso de pie. Puso un brazo al rededor de mi cuello, y nos marchamos de aquel lugar tan mágico para nosotros. Corrimos a trompicones, sin separarnos nunca. Llegamos al coche con la respiración agitada, pero no nos importaba. Me subí al vehículo por el lado del copiloto. Me aparté los pelos de la cara y lo miré de nuevo. Sus mejillas ligeramente rosadas y los ojos oscuros pero brillantes. Le mostré mi mejor sonrisa. Y él empezó a reír como un loco enamorado, me agarró del brazo con sumo cuidado y me senté en su regazo, pegando la espalda al volante. Era una postura incómoda, pero no me importaba. Nada me importaba en ese momento. Se quitó la camiseta, y yo hice lo mismo. Otra vez nuestros labios pegados, al unísono. Besó mi cuello, con besos fríos y a la vez calientes. Con manos decididas logró desabrochar el sujetador y mis pechos quedaron libres. A ciegas abrí la guantera y cogí un paquete de emergencias para estos casos. Saqué un sobre y lo rasgué con los dientes patosamente, pero lo hice. Le di el condón. Estaba decidida, quería hacerlo. Mi primera vez. Unos instantes después ya lo tenía puesto y me subí encima. Un dolor pequeño pero agudo atravesó todas las partículas de mi cuerpo. Cerré los ojos. Él estaba dentro de mí.

¿Estás bien? – me susurró al oído.


Yo asentí, mordiendo sin darme cuenta el labio inferior. Y subí y bajé. Y noté cómo el placer se iba apoderando de mí. Gemidos, y más gemidos.


   Cierro el grifo de golpe. Las lágrimas se deslizan por mi cara pero apenas se notan. Eso es pasado. Fue pasado. Ya no está Javi. Él se fue de mi vida, como muchas otras cosas. Hace cinco meses que ya no estamos juntos. Ya tengo que olvidarlo. Debo olvidarlo. Alcanzo una toalla para el pelo. ¿Cómo no me di cuenta? Dos años de relación. El primero fue  genial, pero en el segundo ya nada era como antes. Estaba distante conmigo y los besos eran fugaces. Apenas llegaba a tocar mis labios. Lo hacíamos sin pasión. Todo cambió. ¿Qué pasó? Aún me lo sigo preguntando. Él ya ha rehecho su vida. Y yo no. Estoy atrapada, atascada y no puedo dar el siguiente paso. Necesito un empujoncito.
Me enrollo en la toalla. Salgo al pasillo, recibiendo una ola de aire caliente en la cara. Entro en mi habitación, y abro el armario, cogiendo así lo primero que pillo. La ropa interior y unos pantalones largos y anchos marrones y una camiseta de tirantas de color blanco. Y me tiro a la cama, hundiendo la cara en la almohada. ¿Qué puedo hacer para olvidarlo? Giro la cabeza a la derecha, mirando fijamente al despertador digital. Las 23:00,un jueves de mayo. Entierro de nuevo la cara en la almohada cuando el móvil suena. Al principio paso de cogerlo, pero qué mas da. Descuelgo y me lo pego a la oreja izquierda.

  – ¿Sí?

  – ¿Lucía? Tía habíamos quedado en mi casa a las seis, ¿te ocurre algo? Mañana hay que entregar el trabajo de Historia, y ni siquiera lo hemos empezado. Bueno sí, he hecho algo, ¿qué te ha pasado? Me podías haber llamado, ¿sabes?

  Es Lola. Me siento en la cama, atendiendo mejor a su voz. O a su regañina, mejor dicho.

 – Oh, lo siento, lo había olvidado. ¿Qué has hecho? Pásame una foto por WhatsApp y así continúo yo, ¿te parece bien? – le digo sonriendo.

 – Vale, por mí genial. Pero, ¿qué te ha pasado? – está preocupada, mierda.

 –No, nada. Sólo que se me ha pasado las horas volando. Oye, te cuelgo, mañana nos vemos en el instituto ¿vale? Siento no haberte llamado. Adiós, Lola.

  Cuelgo.

Otoño se acerca.

Una mañana en la que despiertas sin motivo alguno, con el estómago vacío y la vista borrosa. Me he levantado como he podido, sin ganas de hacerlo pero aún así lo he hecho. Hoy ha llovido, bendita sea la lluvia. ¿No sientes como que te relajas? El cuerpo se tranquiliza, agudizas el oído para escuchar la lluvia, las gotitas chocando contra el asfalto o en los tejados. Cómo la gente corre a sus casas, sin saber que me muero por correr al centro de la plaza y esperar a que la lluvia me lleve. El olor que levanta la lluvia, el viento, el aire. ¿Acaso hay algo mejor que la lluvia? (Sus te quieros) Pero él ya no está, y debo pensar en otra cosa, sí. Septiembre. Casi es otoño, cuántas ganas de invierno. De tener el frío calando todo mi cuerpo, que sea ese único frío el que lo hace y no los recuerdos. Hora de ponerse abrigos, sudaderas, y pantalones largos. Adiós a las chanclas y hola a los botines y a los calcetines largos que tanto adora una en esa época. El invierno, mi época favorita. Donde la lluvia está presente, el frío me acompaña a todas partes y donde busco calor en cualquier parte. Siete de septiembre, y está lloviendo. La lluvia me da la felicidad. A algunas personas les pasa todo lo contrario, la lluvia los deja débiles y a la defensiva. Indefenso y débiles. Sale el sol, mi perra me abraza para soportar menos el frío. No tengo frío, no el frío de invierno. Sino el suyo, que aún está presente en mí. No soy de las que olvida fácilmente las cosas y menos a las personas. Él sigue aquí, conmigo. Aunque esté muy lejos. Ayer las lágrimas brotaron de mis ojos cuando el recuerdo iba pasando por mis ojos. Dejemos pasar el día, quizá se quede como está, con la lluvia de fondo, la brisa azotándome la cara cuando me siento en el balcón, con las gotas cayendo a su paradero, el pasar de las nubes buscando otro cielo, otra ciudad en donde atacar. Atácame a mí, que te necesito, lluvia.
Yo te quiero, lluvia.
Te he estado llamando tres meses para que aparecieras.
Y aquí estás.
Conmigo.
Noto tu presencia y no quiero que te marches.
Tú no, lluvia.
No te marches.