domingo, 7 de septiembre de 2014

Otoño se acerca.

Una mañana en la que despiertas sin motivo alguno, con el estómago vacío y la vista borrosa. Me he levantado como he podido, sin ganas de hacerlo pero aún así lo he hecho. Hoy ha llovido, bendita sea la lluvia. ¿No sientes como que te relajas? El cuerpo se tranquiliza, agudizas el oído para escuchar la lluvia, las gotitas chocando contra el asfalto o en los tejados. Cómo la gente corre a sus casas, sin saber que me muero por correr al centro de la plaza y esperar a que la lluvia me lleve. El olor que levanta la lluvia, el viento, el aire. ¿Acaso hay algo mejor que la lluvia? (Sus te quieros) Pero él ya no está, y debo pensar en otra cosa, sí. Septiembre. Casi es otoño, cuántas ganas de invierno. De tener el frío calando todo mi cuerpo, que sea ese único frío el que lo hace y no los recuerdos. Hora de ponerse abrigos, sudaderas, y pantalones largos. Adiós a las chanclas y hola a los botines y a los calcetines largos que tanto adora una en esa época. El invierno, mi época favorita. Donde la lluvia está presente, el frío me acompaña a todas partes y donde busco calor en cualquier parte. Siete de septiembre, y está lloviendo. La lluvia me da la felicidad. A algunas personas les pasa todo lo contrario, la lluvia los deja débiles y a la defensiva. Indefenso y débiles. Sale el sol, mi perra me abraza para soportar menos el frío. No tengo frío, no el frío de invierno. Sino el suyo, que aún está presente en mí. No soy de las que olvida fácilmente las cosas y menos a las personas. Él sigue aquí, conmigo. Aunque esté muy lejos. Ayer las lágrimas brotaron de mis ojos cuando el recuerdo iba pasando por mis ojos. Dejemos pasar el día, quizá se quede como está, con la lluvia de fondo, la brisa azotándome la cara cuando me siento en el balcón, con las gotas cayendo a su paradero, el pasar de las nubes buscando otro cielo, otra ciudad en donde atacar. Atácame a mí, que te necesito, lluvia.
Yo te quiero, lluvia.
Te he estado llamando tres meses para que aparecieras.
Y aquí estás.
Conmigo.
Noto tu presencia y no quiero que te marches.
Tú no, lluvia.
No te marches.

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